Acordaos
Para pedir intercesión
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Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio y reclamando vuestro socorro, haya sido abandonado. Animado por esta confianza, a vos acudo, Madre, Virgen de las vírgenes; y aunque pecador, me presento ante vos. No desechéis mis súplicas, Madre del Verbo, antes bien escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.
La Palabra que sostiene esta oración
Al tercer día se celebró una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. También fueron invitados Jesús y sus discípulos. Cuando faltó el vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino». Jesús le respondió: «Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Todavía no ha llegado mi hora». Su madre dijo a los servidores: «Hagan todo lo que él les diga». Había allí seis tinajas de piedra destinadas a las purificaciones de los judíos; en cada una cabían dos o tres medidas. Jesús les dijo: «Llenen de agua las tinajas». Ellos las llenaron hasta el borde. Luego les dijo: «Saquen ahora y llévenlo al encargado del banquete». Así lo hicieron. El encargado probó el agua convertida en vino, sin saber de dónde venía; los servidores, que habían sacado el agua, sí lo sabían. Entonces llamó al esposo y le dijo: «Todos sirven primero el vino bueno y, cuando ya han bebido bastante, el de menor calidad; tú has guardado el vino bueno hasta ahora». Este fue el primero de los signos de Jesús, realizado en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.
Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Después dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.
La oración cristiana es relación con Dios y escuela de vida. No funciona como fórmula mágica ni sustituye los sacramentos, la atención profesional o las decisiones responsables.
