Lc 1,26–29 — 26. Y al sexto mes, el ángel Gabriel fué enviado de Dios á una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27. A una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David: y el nombre de la virgen era María. 28. Y entrando el ángel á donde estaba, dijo, ¡Salve, muy favorecida! el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres. 29. Mas ella, cuando le vió, se turbó de sus palabras, y pensaba qué salutación fuese ésta.
Lc 1,30–33 — 30. Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios. 31. Y he aquí, concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su nombre JESUS. 32. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo: y le dará el Señor Dios el trono de David su padre: 33. Y reinará en la casa de Jacob por siempre; y de su reino no habrá fin.
Lc 1,34–37 — 34. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? porque no conozco varón. 35. Y respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra; por lo cual también lo Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios. 36. Y he aquí, Elisabet tu parienta, también ella ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes á ella que es llamada la estéril: 37. Porque ninguna cosa es imposible para Dios.
Lc 1,38–41 — 38. Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase á mí conforme á tu palabra. Y el ángel partió de ella. 39. En aquellos días levantándose María, fué á la montaña con priesa, á una ciudad de Judá; 40. Y entró en casa de Zacarías, y saludó á Elisabet. 41. Y aconteció, que como oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fué llena del Espíritu Santo,
Lc 1,42–45 — 42. Y exclamó á gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. 43. ¿Y de dónde esto á mí, que la madre de mi Señor venga á mí? 44. Porque he aquí, como llegó la voz de tu salutación á mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. 45. Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor.
Lc 1,46–49 — 46. Entonces María dijo: engrandece mi alma al Señor; 47. Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador. 48. Porque ha mirado á la bajeza de su criada; porque he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. 49. Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; y santo es su nombre.
Lc 1,50–53 — 50. Y su misericordia de generación á generación á los que le temen. 51. Hizo valentía con su brazo: esparció los soberbios del pensamiento de su corazón. 52. Quitó los poderosos de los tronos, y levantó á los humildes. 53. A los hambrientos hinchió de bienes; y á los ricos envió vacíos.
Lc 1,54–56 — 54. Recibió á Israel su siervo, acordándose de la misericordia, 55. Como habló á nuestros padres á Abraham y á su simiente para siempre. 56. Y se quedó María con ella como tres meses: después se volvió á su casa.
Jn 2,1–4 — 1. Y AL tercer día hiciéronse unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. 2. Y fué también llamado Jesús y sus discípulos á las bodas. 3. Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen. 4. Y dícele Jesús: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? aun no ha venido mi hora.
Jn 2,5–8 — 5. Su madre dice á los que servían: Haced todo lo que os dijere. 6. Y estaban allí seis tinajuelas de piedra para agua, conforme á la purificación de los Judíos, que cabían en cada una dos ó tres cántaros. 7. Díceles Jesús: Henchid estas tinajuelas de agua. E hinchiéronlas hasta arriba. 8. Y díceles: Sacad ahora, y presentad al maestresala. Y presentáron le.
Jn 2,9–11 — 9. Y como el maestresala gustó el agua hecha vino, que no sabía de dónde era (mas lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), el maestresala llama al esposo, 10. Y dícele: Todo hombre pone primero el buen vino, y cuando están satisfechos, entonces lo que es peor; mas tú has guardado el buen vino hasta ahora. 11. Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.