Sal 86,1–4 — 1. Oración de David. INCLINA, oh Yavhé, tu oído, y óyeme; porque estoy afligido y menesteroso. 2. Guarda mi alma, porque soy pío: salva tú, oh Dios mío, á tu siervo que en ti, confía. 3. Ten misericordia de mí, oh Yavhé: porque á ti clamo todo el día. 4. Alegra el alma de tu siervo: porque á ti, oh Señor, levanto mi alma.
Sal 86,5–8 — 5. Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan. 6. Escucha, oh Yavhé, mi oración, y está atento á la voz de mis ruegos. 7. En el día de mi angustia te llamaré: porque tú me respondes. 8. Oh Señor, ninguno hay como tú entre los dioses, ni obras que igualen tus obras.
Sal 86,9–12 — 9. Todas las gentes que hiciste vendrán y se humillarán delante de ti, Señor; y glorificarán tu nombre. 10. Porque tú eres grande, y hacedor de maravillas: tú solo eres Dios. 11. Enséñame, oh Yavhé, tu camino; caminaré yo en tu verdad: consolida mi corazón para que tema tu nombre. 12. Te alabaré, oh Yavhé Dios mío, con todo mi corazón; y glorificaré tu nombre para siempre.
Sal 86,13–16 — 13. Porque tu misericordia es grande para conmigo; y has librado mi alma del hoyo profundo. 14. Oh Dios, soberbios se levantaron contra mí, y conspiración de fuertes ha buscado mi alma, y no te pusieron delante de sí. 15. Mas tú, Señor, Dios misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad; 16. Mírame, y ten misericordia de mí: da tu fortaleza á tu siervo, y guarda al hijo de tu sierva.
Sal 86,17 — 17. Haz conmigo señal para bien, y véanla los que me aborrecen, y sean avergonzados; porque tú, Yavhé, me ayudaste, y me consolaste.
Lc 18,1–4 — 1. Y PROPÚSOLES también una parábola sobre que es necesario orar siempre, y no desmayar, 2. Diciendo: Había un juez en una ciudad, el cual ni temía á Dios, ni respetaba á hombre. 3. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía á él diciendo: Hazme justicia de mi adversario. 4. Pero él no quiso por algún tiempo; mas después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo á Dios, ni tengo respeto á hombre,
Lc 18,5–8 — 5. Todavía, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, porque al fin no venga y me muela. 6. Y dijo el Señor: Oid lo que dice el juez injusto. 7. ¿Y Dios no hará justicia á sus escogidos, que claman á él día y noche, aunque sea longánime acerca de ellos? 8. Os digo que los defenderá presto. Empero cuando el Hijo del hombre viniere, ¿hallará fe en la tierra?