Hch 4,8–11 — 8. Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Príncipes del pueblo, y ancianos de Israel: 9. Pues que somos hoy demandados acerca del beneficio hecho á un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado, 10. Sea notorio á todos vosotros, y á todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, al que vosotros crucificasteis y Dios le resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. 11. Este es la piedra reprobada de vosotros los edificadores, la cual es puesta por cabeza del ángulo.
Hch 4,12–13 — 12. Y en ningún otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado á los hombres, en que podamos ser salvos. 13. Entonces viendo la constancia de Pedro y de Juan, sabido que eran hombres sin letras é ignorantes, se maravillaban; y les conocían que habían estado con Jesús.
Hch 2,1–4 — 1. Y COMO se cumplieron los días de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos; 2. Y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento recio que corría, el cual hinchió toda la casa donde estaban sentados; 3. Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, que se asentó sobre cada uno de ellos. 4. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron á hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen.
Hch 2,5–8 — 5. Moraban entonces en Jerusalem Judíos, varones religiosos, de todas las naciones debajo del cielo. 6. Y hecho este estruendo, juntóse la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar su propia lengua. 7. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: He aquí ¿no son Galileos todos estos que hablan? 8. ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en que somos nacidos?
Hch 2,9–12 — 9. Partos y Medos, y Elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea y en Capadocia, en el Ponto y en Asia, 10. En Phrygia y Pamphylia, en Egipto y en las partes de Africa que está de la otra parte de Cirene, y Romanos extranjeros, tanto Judíos como convertidos, 11. Cretenses y Arabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. 12. Y estaban todos atónitos y perplejos, diciendo los unos á los otros: ¿Qué quiere ser esto?
Hch 2,13 — 13. Mas otros burlándose, decían: Que están llenos de mosto.